Imagen Sala I






Tesoro del Carambolo

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Donde las mareas mueren

La historia de Sevilla está íntimamente ligada a la del río Guadalquivir, pues desde sus orígenes desempeñó el papel de puerto fluvial y puente entre el Océano Atlántico y el interior de la región andaluza. Las primeras referencias de Tartesos se encuentran en el Antiguo Testamento y nos evocan su riqueza y marcada vocación marinera

Las excavaciones arqueológicas realizadas en la Cuesta del Rosario permitieron afirmar que el asentamiento humano se hizo estable hacia el siglo IX a.C.

Los Fenicios implantaron el primer fondeadero, situado entre el actual Alcázar y la Iglesia del Salvador, y en el que se intercambiaban metales preciosos.

  Restos Romanos

Los Romanos se establecieron en el siglo II a. C. en Hispalis, que se convirtió en un importante puerto fluvial.

En el siglo I a.C. Hispalis era ya una ciudad amurallada. En sus astilleros se construían barcas largas para el transporte de trigo.

En el siglo I d.C., el Portus Hispalensis albergaba escuadras enteras. De él salían hacia Roma gran variedad de productos: minerales, sal, pescado...


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Anforas

La primera sala del Museo está dedicada a explicar los orígenes del Puerto. Para ello el visitante accede a la exposición a través de un autentico contenedor de mercancías del puerto donde se ubican una serie de citas históricas que hacen referencia a los inicios del Puerto de Sevilla, al mismo tiempo, unas hornacinas practicadas en el mismo contenedor nos dejan observar alguno de los hallazgos más representativos de los orígenes de este puerto, orígenes que están íntimamente ligados al nacimiento de Hispalis.

Los textos conservados hablan insistentemente de una ciudad en la desembocadura del río. Esta situación hizo de él un magnífico enclave como puerto natural y la arteria principal por donde canalizar hacia el interior las actividades comerciales.

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